Ayúdame a hacerlo por mí mismo

El ambiente

Los primeros tres años de vida son el período más largo y más intenso, de todos los que vendrán después, por eso, en Montessori, esta etapa no se subestima, al contrario, se honra con un espacio cuidadosamente diseñado llamado Comunidad Infantil, pensado para niños de 18 meses a 3 años. 

Los primeros tres años de vida presentan dos grandes desafíos: la conquista de la independencia en sus movimientos y el lenguaje: a partir de que aprenden a caminar y logran tener libres sus manos, la actividad autónoma es la regla, y está sostenida por la relación establecida con los adultos. Gracias a esta actividad y a este sostén, los  niños se perciben como competentes, dignos de atención, y reconocidos en su individualidad.

En esta etapa de la vida se desarrolla la base de la creación de la persona. Existe una sensibilidad especial, inconsciente, hacia el lenguaje, el orden, y el refinamiento tanto sensorial como de movimiento. ​El aprendizaje se da a través de las tendencias humanas operantes por la mente absorbente, un concepto desarrollado por María Montessori donde se explica que los niños a esta edad asimilan de una manera natural e involuntaria toda la información que les ofrece su entorno. 


Cómo se trabaja en el ambiente


Comunidad Infantil es una espacio seguro, armonioso y estimulante, donde cada detalle —desde los muebles hasta los materiales— está pensado para facilitar la exploración, el movimiento libre y la autonomía de los niños, contemplando también que a esta edad  están por primera vez en contacto de manera estructurada con otros niños.

En esta etapa, el niño  llega a este entorno con un deseo profundo de hacer por sí mismo, y el ambiente le ofrece justo lo que necesita para lograrlo.

Las áreas del desarrollo: concebimos este ambiente como una extensión del hogar, tanto por sus características físicas, como humanas y emocionales. Todo se hace juntos, en comunidad, como una familia.  

Socialización

A través de la convivencia con otros niños y adultos, el niño empieza a comprender normas sociales, a expresar emociones y a desarrollar empatía.

Lenguaje

Se ofrece mucho vocabulario con imágenes reales, con énfasis en evitar infantilizar el lenguaje a través de canciones, cuentos, objetos reales y mucha conversación, para ampliar el vocabulario y afianzar la capacidad de expresión.

Vida Práctica

Un proceso muy importante de esta etapa es potenciar la autonomía de niños, por eso todo está a su alcance y adaptado a su tamaño con  elementos reales y resistentes. Actividades cotidianas como lavar una mesa, regar una planta o pelar una banana,   no solo fascinan al niño, sino que le enseñan orden, coordinación y concentración.

Movimiento

Existe mucho espacio de movimiento, y se fomenta el tiempo en el exterior en contacto con la naturaleza donde  la libertad de moverse, trepar o cargar objetos pesados fortalece el cuerpo y la voluntad.


La guía Montessori junto con la asistente crean un lazo afectivo seguro, desde donde el niño se atreve a explorar, equivocarse, persistir y aprender;  el rol del adulto se basa en la presencia respetuosa, enseñando a partir de la observación,  la guía  y el respeto hacia los ritmos individuales.

Características al finalizar esta etapa: 

Este primer período de vida forma la base de todo lo que vendrá después. Si se le ofrece al niño un ambiente que respete su dignidad, que le permita actuar, elegir y observar, estamos formando a un ser humano con confianza, autonomía y amor por el aprendizaje.

"Si comparamos nuestra habilidad de adultos con la de los niños, necesitaríamos sesenta años de duro trabajo para conseguir lo que el niño logra en sus tres primeros años".


María Montessori